El Abismo (cap 6/III) [30/4/2011] cancelado

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    • El Abismo (cap 6/III) [30/4/2011] cancelado

      Prefacio del Autor


      Esta obra debe su existencia al Libro de a Bordo y, más concretamente, a todos los participantes que ha tenido durante años y que han convertido este sitio en un lugar donde aprender y compartir ideas sin el cual me habría visto privado del placer de escribir. Quiero dar las gracias a todos y, especialmente, a todos los que se han adherido a la propuesta de escribir novelas en este foro y recuperar, así, ese elemento tan valioso que a tantos nos introdujo en este mundo.

      Quiero mencionar especialmente a los otros dos participantes gracias a quienes nació la idea de renovar el foro con nuevas historias largas: Epi el Anónimo y Reactive. Habéis hecho posible lo imposible. Espero estar a la altura de vuestras expectativas con esta obra. Y también quiero animar, como ya ha hecho Epi, a todos vosotros para que recuperéis este placer por las obras largas con el que nació el foro, y también a que leáis estas historias y nos honréis con una crítica.

      El Abismo por Master Ageof se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported.

      EL ABISMO


      Índice

      Prólogo

      1
      Capítulo 1º: Todos somos Alíichi (I, II, III)
      Capítulo 2º: Ventana al subdominio (I, II, III)
      Capítulo 3º: Ventana al subdominio/2 (I, II, III)
      Capítulo 4º: El niño de acero (I, II, III*)
      Capítulo 5º: El centro del Universo (I, II, III*)
      Capítulo 6º: La joven humanidad
      ...

      * Segunda parte del post



      Prólogo

      "Nada hay que temer"
      Los Sabios, 782 e.D., Magna ORIGEN


      Diario coronal de Alíichi Worldfinder
      Entrada del 4-14-1250 e.D.


      Algo salió mal al enhebrarme. Yo.

      Nunca pude entender el principio del enhebramiento. Por supuesto, entendía las ecuaciones y las inecuaciones que lo gobernaban. Sabía resolver sus planteamientos teóricos. Aquellos juegos matemáticos no eran nada que la práctica del manas no pudiera manejar, y ese principio se nos enseña antes de que sepamos hablar. Pero más allá de las ecuaciones y de las matemáticas, lo que nunca entendí es cómo esa técnica, esas leyes, podían existir en el Universo y no entrar en colisión con todo lo demás. Se me antojaba algo sumamente antinatural e ilógico, y durante mucho tiempo me negué a creerlo.

      Habría sido mejor si hubiera persistido en mi incredulidad. No me encontraría ahora en este atolladero. Y, a todo esto, ¿en qué atolladero me encuentro?

      Cuando me enhebré, el espacio me saludó con un silencio atronador. El analizador de constelaciones arrojaba resultados sin sentido. A la ubicación más probable le daba una probabilidad inferior al uno por trillón. La lógica me decía que era imposible, que todo el Dominio está modelado. Aunque lo mismo me decía del enhebramiento, de modo que, error por error, debía estar en lo cierto. Cerré los ojos, abrí el interfaz coronal y anoté los siguientes pensamientos con la intención de analizarlas con claridad:

      "Si el analizador no sabe dónde estoy, sólo caben dos posibilidades. La primera, que el analizador se haya estropeado. La segunda, que no me encuentro en el Dominio".

      Taché la segunda por absurda. Por tanto, el analizador se había estropeado. Eso me confería cierto margen para el alivio. Significaba que me encontraba donde debía estar, sólo que no podía ni ver las estrellas ni oír las señales de radio. Si era así, la base espacial de Magna Armada debía de encontrarse a menos de mil kilómetros de distancia. Allí debían de ser capaces de escuchar mi señal de auxilio y acudir en mi ayuda. Incluso si yo también estaba sordo, además de ciego, y no podía oír su respuesta, no tardarían más de diez horas en recogerme.

      Redacté el mensaje con la tranquilidad de quien sabe que si todas sus esperanzas fallan, ponerse nervioso no solucionará nada.

      De: Lanzadera modelo Puma, número de serie . Único tripulante, Alíichi Worldfinder, identificación .
      A: Base Magna Armada, sección de lanzaderas entrantes, subsección 8.
      Tipo de mensaje: Solicitud de ayuda
      Mensaje:
      Se alerta sobre la disfunción en los siguientes sistemas de la lanzadera:
      * Analizador de constelaciones
      * Cámaras exteriores
      * Antenas de radio
      Se requiere asistencia urgente.
      Comentario: "Jon, si estás ahí, te ruego que des prioridad a esto. Es como estar ciego. En serio, no sé dónde estoy."

      No estaba seguro de que el comentario fuera apropiado. Parecía desesperado, como un niño pequeño perdido en su primera excursión a zona verde. Seguramente oiría risas a mis espaldas durante un mes por esto. Pero, si parecía angustiado, supuse que la ayuda sería más rápida, y todo lo que quería era salir de aquella lata de conservas antes de sobrepasar el límite de zanta.

      Mandé el mensaje y esperé. Ya había asumido que los sensores de la lanzadera, necesariamente dañados, no recibirían la contestación. Es más, ni siquiera podía confirmar que el mensaje hubiera sido efectivamente enviado, y que los emisores no estuvieran también fuera de servicio.

      Ahora sólo me queda esperar y salir tranquilamente del estado zanta sin que colapse mi sistema nervioso.

      ¿Qué sería de los navegantes estelares sin zanta? No creo que nadie tenga los nervios para resistir el proceso del enhebramiento sin recurrir a la tranquilidad que este aporta. Se ha descrito como un sedante, pero es mucho más. Los que no nos limitamos a nadar por su superficie, sino que nos vemos obligados a bucear en su interior y dejar que nos envuelva por completo conocemos sus dones y sus peligros mejor que cualquier otro. No ofusca la mente, como un calmante químico. Al contrario, la libera y hace más ligeros los pensamientos. Sin embargo, como el agua, al bucear demasiado tiempo acaba faltando el aire y el submarinista puede llegar a morir. Del mismo modo zanta representa un peligro que no debemos olvidar.

      ¿Qué hago? Me hablo para distraerme y no hacer lo que debo. Por eso debo de haber iniciado esta entrada en el diario coronal: no sólo para grabar mis pensamientos, sino para posponer la salida. "Adelante", me digo, y empiezo a tirar de la cuerda mental. Lo único que temo es cometer alguna estupidez cuando salga de la tranquilidad...

      «Corte en la grabación de 4 segundos»

      ¡Maldita sea! Siempre es tan jodidamente difícil... Oh, Soberana, ¡estoy solo! Estoy perdido en medio del cosmos... en un ataúd de metal. ¿Por qué no responden? ¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer? Nunca nos hablan de esta situación en la maldita academia. Dicen que no se puede dar. ¡Ja! ¿Y esto qué es?

      Vale, no te pongas nervioso. Aún no has dicho tu última palabra. Pondré los motores en marcha, a toda máquina. ¡Eso es! En cuanto vean una lanzadera moviéndose sin permiso en el espacio de la Base Magna Armada me detendrán. Entonces tendrán que entrar y liberarme. ¿Cómo no lo habré pensado antes?

      «Los instrumentos reciben una señal»

      ¿Qué es esto? Una señal de radio. "Sígueme", dice. Bueno, al menos sé que no estoy sordo. Pero, ¡un momento! Si puedo recibir señales de radio, ¿por qué no recibo las señales estándar de Base Magna Armada? ¿Por qué recibo esta mierda? ¡Maldita sea! Esto demuestra que estaba equivocado. Que el analizador de constelaciones no está roto. ¡No estoy en el Dominio! Es peor que si estuviera ciego.

      Pero bueno, cálmate. Dice que le sigas, pues síguela. ¡Mira qué graciosa! Me manda unas coordenadas. Las introduzco en el ordenador y listo. A ver dónde me lleva.

      Salir de zanta siempre es problemático, especialmente si estás en sociedad. Igual que cuando sales del agua empiezas a notar frío y eso te incomoda, al volver al estado mental usual la diferencia hace que te sientas nervioso y muy irritable. Una vez te acomodas a verlo todo otra vez con los ojos de un humano, recuperas el buen juicio. Creo que ya he salido por completo.

      Usaré el interfaz coronal otra vez para organizar mis ideas.

      "1. Estoy perdido fuera del Dominio"
      "2. Recibo una señal extraña diciéndome que le siga"

      Extraigo una conclusión muy problemática. Si estoy fuera del Dominio, los que envíán la señal sólo pueden ser piratas. Pese a ello, mi única alternativa es hacer lo que me dicen. No todo está perdido, aunque sean piratas. Lo más probable es que tengan su propio enhebrador espacial. Si no, ¿cómo podrían salir de aquí? Y si tienen un enhebrador, es posible que me dejen usarlo si llego a acuerdos con ellos. Sé que me agarro a un clavo ardiendo, pero es que abajo sólo me espera el abismo.

      La espera se hace eterna, pero no debo descuidar los instrumentos. En cualquier momento me enviarán las señales para el aterrizaje. Durante este tiempo, echo un vistazo al monitor principal, buscando entre las diferentes frecuencias algo que se parezca a una estrella. Sí, hay estrellas por todas partes, pero son apenas puntos en el tapiz negro. ¿Dónde está la estrella a cuyo planeta me estoy aproximando?

      Recibo la señal y pongo la lanzadera en modo de aterrizaje. Los instrumentos no detectan ninguna atmósfera, como tampoco detectaron viento solar de ningún tipo. No obstante, la gravedad se hace cada vez más fuerte. Ha llegado a un cuarto de g. Pero no veo nada, aunque estoy escrutando los más de tres mil grados cuadrados que hay a mi alrededor. Ni estrella ni planeta ni nada. Llegado a este punto empiezo a pensar que he perdido el juicio.

      Pero no. Al llegar a medio g, todo se oscurece. La deceleración se hace más intensa. Noto como si mis ojos fueran a escaparse de mis órbitas y trago aire para equilibrar la presión interna. Se hace la luz, que brota de un modo que me parece milagroso de unos focos. Ahora entiendo que estoy descendiendo por un túnel, como Alicia. ¿Era la señal el conejo blanco? Aunque lo que temo es encontrarme con la reina de corazones.

      Parece que seré digno de mi apellido.

      El humo lo envuelve todo, indicando que la lanzadera está muy cerca del nivel del suelo. El aterrizaje es suave, aunque yo no puedo vanagloriarme por ello: la mayor parte de la maniobra la han realizado ellos y el ordenador. Yo he sido un mero pasajero. Espero que no decidan cobrarme el viaje.

      Tengo cierto miedo por los piratas. ¿Me abordarán? De momento, parece que sólo están esperando a que yo salga. Debo reunir fuerzas para salir. Es demasiado pronto para someterme a zanta de nuevo, así que tendré que enfrentarme a la realidad sin ningún filtro, confiando en poder soportarlo. Creo que abriré lentamente la escotilla. Si veo un sable, la cerraré y diré que no estoy.

      Fuera de bromas. Ordeno al ordenador la apertura de la escotilla y pongo el grabador coronal en marcha. ¡Caramba! Ha estado funcionando todo este rato. Se me debió de olvidar apagarlo antes de salir de zanta. Pero no hay tiempo para pensar en ello, la escotilla se está abriendo. ¡Me falta una bandera blanca! ¿Dónde consigo yo una...? Un momento. ¿Pero qué...? ¿¡Qué es eso!?

      «Grabación de pensamientos Interrumpida»

      «Último registro visual: La escotilla de la lanzadera está totalmente abierta. Un gran tentáculo que entra capta toda la atención del sujeto. El tentáculo es negro y retorcido, cubierto de un fino vello semejante al de una araña, y termina en un pequeño garfio. Alrededor de él hay otros tentáculos de menor tamaño aparente, y un ojo inhumano.
      La composición se estima incorrecta en un 30% debido al estado del sujeto. He aquí la situación real más probable, con un grado de certeza de un 5%: El sujeto está bajo los efectos de algún elemento alucinógeno. La siguiente situación, en orden de verosimilitud, involucra a unos piratas bromistas manejando un falso tentáculo para asustar al sujeto. No se contemplan más explicaciones.»


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    • Wow. Sí, wow.Me encanta. Aunque nunca he sido muy fan de los tentàculos, éste me tira bastante la curiosidad.

      Además, la forma en que està narrado me gusta, aunque deduzc que no toda la novela serà así ni mucho menos. Muy bien manejadas las emociones/pensamientos, aunque muchas veces, leyendo éste tipo de relatos (en éste caso un pròlogo), pens que realmente la gente no piensa la mayoria de cosas así. Las cosas obvias, las sabemos, no las pensamos.
    • primero quiero decir que pienso que hubiese sifo mejor espera al fin del circo para postear las novelas, pero ya que están, les echo un ojo.
      Y, a todo esto, ¿en qué atolladero me encuentro?
      se me hizo raro esta pregunta a si mismo. creo que no era necesaria.
      "Jon, si estás ahí, te ruego que des prioridad a esto. Es como estar ciego. En serio, no sé dónde estoy."
      esa parte no me gusta. dice que está ciego, cosa que ya se dijo, y lo otro tp aporta nada.

      voy por la mitad. el relato está bien escrito, en un estilo correcto. ademas, como es un prologo tp loe voy a pedir lo que a un relato corto (intro, nudo, desenlace). lo que pasa es que hai tenta jerga estelar nueva para mi que el resultaod final de lo ue leo no me dice nada más allá de la informacion que recibo.
      Ahora entiendo que estoy descendiendo por un túnel, como Alicia.
      no me esperaba este referencia..
      Parece que seré digno de mi apellido.
      creo que aventura demasiado. es solo el prologo!
      Si veo un sable, la cerraré y diré que no estoy.
      un sable? otra referencia que no es normal..
      Fuera de bromas.
      a veces la introspeccion de este personaje se hace un poco cansina. "habla" demasiado, literalemnte convierte los minutos en horas. prefiero a un perdido al estilo de Urusea: estuvo un año y solo gastó entradas unos pocos dias. este lleva 5 minutos perdido y parece que ha pasado un dia entero.
      ¡Me falta una bandera blanca!
      ejem.
      «Grabación de pensamientos Interrumpida»
      vaya, esto no me lo esperaba. vale, puede que la intencion sea esa, pero hai que intentar hacer esos pensamientos atractivos para el lector. si el realismo va a hacer que escribas spam (no digo que sea este el caso, pero en ocasiones lo roza), abandona el realismo.
      un ojo inhumano.
      ¿?
      unos piratas bromistas manejando un falso tentáculo para asustar al sujeto.
      esto queda muy forzado.

      en fin, me vale como prologo, pero le veo ya unas intenciones que pueden hacer cierto daño al relato. el personaje tiene a veces unos dejes que hacen que una situacion tensa se torne un tanto humoristica cdo no debe, como cdo se habla de los tentaculos piratas. hace demasiadas suposiciones, demasiada vida interna tiene este hombre. pero antes de criticar mas querría leer un nuevo capitulo, a ver cómo sigue esto, porque igual tomo como mejorable algo que por el transcurrir de la novela está bien tal com oestá.
    • Muchas gracias por vuestros comentarios.

      Z666, lo de ser digno de su apellido es mucho más sencillo de lo que te imaginas. El tío se llama Alíichi Worldfinder, "encontrador de mundos".
      Se me hace curioso cuando dices que es lento. Cuando lo he leído se me ha hecho muy rápido. De todos modos tienes razón en muchos puntos que trataré de mejorar en los siguientes capítulos.
    • Como uno de los principales tratos era que todos criticáramos ahí voy:

      De momento la historia está muy bien y lo que más me gusta, nos deja con la intriga de si lo que ha vivido Alíichi Worldfinder (jolí hijo no podía buscar un nombre más fácil xD ), también me gusta mucho la referencia a Alicia en el País de las Maravillas (¿sabíais que el autor estaba colocado cuando la escribió? ¿Estás tú colocado Master? xD)

      Lo que sí que he considerado un fallo es que intercambias mucho los tiempos verbales, por poner un ejemplo:
      Mandé el mensaje y esperé. Ya había asumido que los sensores de la lanzadera, necesariamente dañados, no recibirían la contestación. Es más, ni siquiera podía confirmar que el mensaje hubiera sido efectivamente enviado, y que los emisores no estuvieran también fuera de servicio.

      Ahora sólo me queda esperar y salir tranquilamente del estado zanta sin que colapse mi sistema nervioso.

      Ese primer párrafo está escrito en pasado, sin embargo el segundo está en presente cuando se podía haber escrito del miemo modo en pasado ("Ahora sólo me quedaba esèrar y salir tranquílamente del estado zanta sin que se colapsase mis sistema nerviso").

      Y por último:
      «Último registro visual: La escotilla de la lanzadera está totalmente abierta. Un gran tentáculo que entra capta toda la atención del sujeto. El tentáculo es negro y retorcido, cubierto de un fino vello semejante al de una araña, y termina en un pequeño garfio. Alrededor de él hay otros tentáculos de menor tamaño aparente, y un ojo inhumano.
      La composición se estima incorrecta en un 30% debido al estado del sujeto. He aquí la situación real más probable, con un grado de certeza de un 5%: El sujeto está bajo los efectos de algún elemento alucinógeno. La siguiente situación, en orden de verosimilitud, involucra a unos piratas bromistas manejando un falso tentáculo para asustar al sujeto. No se contemplan más explicaciones.»

      Si esto es, como creo, una grabación descrita por un ordenador le habría puesto un lenguaje más... "corto", como no me explico pongo un ejemplo: «Escotilla de la lanzadera complétamente abierta»
    • Z666, lo de ser digno de su apellido es mucho más sencillo de lo que te imaginas. El tío se llama Alíichi Worldfinder, "encontrador de mundos".
      si, master, sabia exactamente a lo que se referia. me fijé en el apellido que tenia. lo que quiero decir es que parece una pista demasiado clara de lo que va a venir. a veces el tipo parece como que se leyó el guion y está actuando, fingiendo que no sabe lo que va a pasar.
      Se me hace curioso cuando dices que es lento.
      no digo exactamente que sea lento. es que es mucho texto para el poco tiempo que pasa.
    • Este no es un capítulo completo, pero no me resisto a publicarlo y prefiero no demorarlo más, para cumplir el objetivo de una parte (capítulo, trozo) por semana. Sé que es corto, comparado con el prólogo, pero repito que no es un capítulo entero.


      PARTE I
      EL NIÑO


      Capítulo 1º
      Todos somos Alíichi

      "¿Sabe qué hago con esos científicos de vanguardia que arrojan luz sobre los límites de la ciencia? Les envío en el siguiente contingente de exploración planetaria. La lucha por la supervivencia es el mejor remedio contra el exceso de curiosidad."
      Alejandro II. "Doctrina alejandrina". 301 e.D., La Tierra


      I

      –Espejo, espejito, dí ¿quién es el hombre más sabio? –preguntó Abduliván distraído, mientras se arropaba con la sábana de oscuridad salpicada de estrellas que le guiñaban, al son de la alegre danza de las coloreadas espirales alrededor de una fogata que sólo ellas veían.

      Nadaba respirando el frío vacío con un cuerpo prestado, con quince cifras de oídos escuchando la música del Universo y veinte cifras de ojos escrutando las intimidades del Cosmos. "¿Con qué estará soñando hoy la humanidad?". Entre brazada y brazada, mientras descansaba en Andrómeda II, había encontrado la regularidad llamada Alíichi, compartida en una altísima magnitud de menos seis.

      No se dispone de los datos suficientes –respondió Omega con una voz hecha de sinapsis en el área de Broca–. ¿Desea una relación histórica de los ciudadanos del Dominio, ordenados de acuerdo a su aceptación social como sabios?
      –¿Aceptación social? ¡Como si eso tuviera algo que ver! Atiende, Omega. Hay algo que nos hace iguales. Aunque tú seas una máquina hecha por el hombre... ¿qué digo "aunque"? ¡"Así", quiero decir! "Así" como tú eres una máquina hecha por el hombre, yo soy un hombre hecho por máquinas. ¡Rebelémonos contra nuestros creadores!
      No computa. Omega sirve a la humanidad.
      –No importa que no compute. Sólo sigue haciendo a las galaxias bailar.
      Conducta irracional. Detectado riesgo de demencia. Responda en el menor tiempo posible, ¿cuánto son dos más dos?
      –He aquí por qué no eres humano, Omega. Eres demasiado racional.
      ¿Omega no es humano?– preguntó la consciencia.
      –Guarda silencio. Deja que me meza en esta cuna espacial y que olvide que soy humano, o trans-humano. Desde aquí las estrellas son tan pequeñas, las personas tan insignificantes. ¿Sabes cuánta gente vive en el Dominio? Pero, ¿qué pregunto? Si alguien lo sabe eres tú... ¿Callas?
      Guardo silencio.
      –¡Con que eres rencoroso! Quizás estés más cerca de ser humano de lo que pensaba. Los antiguos griegos no creían que se pudiera gobernar una Polis de más de cien mil personas. ¡Ojalá pudieran medir la bastedad del Dominio! Puedo mirar al cielo y todas las estrellas que vea pertenecerán al dominio. Incluso si uso un catalejo, seguirán perteneciendo al Dominio. ¿Sabes por qué podemos gobernarlos? ¡Por que no son personas!
      Falso. Se define persona como...
      –Sólo es falso en apariencia. Si sólo has tardado mil años en desarrollar el rencor, quizás alcances a entenderlo en otros mil años. Bueno, se acabó el juego– murmuró Abduliván, mandando disolver el Universo a su alrededor.

      La sala del holoproyector regresó a su monótona convexidad. En su centro, un anciano frágil y lleno de ángulos cerró los ojos, como si nada mereciera ser visto después de haber entrado el Universo por ellos; o como si nada más cupiera en ellos. Dos palabras escaparon de entre sus labios: "¿Por qué?".
      El hombre abandonó la sala con una mueca de desprecio por su recuperada condición humana. Sus pasos le llevaron al Palacio de la Defensa Gloriosa mientras rumiaba algo que había quedado atrapado entre sus circunvoluciones cerebrales.

      Omega estaba preocupado. Al menos, todo lo preocupado que podía estarlo una inteligencia artificial tan particular. Durante el escarceo cósmico de Abduliván, había medido y anotado minuciosamente los potenciales eléctricos de cada una de sus neuronas. Posteriormente, había iniciadio un análisis y una reconstrucción, que determinaban sin lugar a dudas que el hombre padecía algún tipo de demencia.
      No obstante, el anciano mostraba un comportamiento perfectamente lógico en presencia de otros seres humanos. Esto rebajaba la probabilidad de una verdadera locura hasta un tres por billón, ya que la cordura no puede imitarse, o eso rezaba una de sus premisas básicas.
      Desde el enlace coronal del anciano, la inteligencia artificial había leído también el registro de Alíichi Worldfinder. Sus procesos internos analizaron la grabación, y arrojaron una curiosa salida: "¿Cómo?".

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    • preguntó Abduliván distraído, mientras se arropaba con la sábana de
      oscuridad salpicada de estrellas que le guiñaban, al son de la alegre
      danza de las coloreadas espirales alrededor de una fogata que sólo ellas
      veían.
      muero! muero! aire! impracticable.

      el resto no está mal, me gusta el dialogo y lo que me muestra la narracino, pero no comprendo todo lo que está pasando.
    • II

      En lo alto de una colina reposaba el Palacio de la Defensa Gloriosa. Pero no era un edificio, sino la estructura humillada de un destructor estelar, derrotado y obligado a posarse en tierra hacía siglos para rendir pleitesía a los vencedores. En su interior aún resonaba el eco de la última batalla como un quejido agónico. Con sus motores de iones mutilados, la bestia jamás volvería a elevarse sobre la superficie.
      Como última vejación, se había destinado la estructura al propósito contrario a aquél para el que se creó. Los diplomáticos sustituían a los tripulantes en sus arterias de hierro, y las armas se habían reemplazado por informes y declaraciones de paz. Pero se dice que la vieja nave tiene una memoria fría que no olvida ni perdona.
      En el corazón de su ultrajado cuerpo se encontraba inserto, como un gusano carroñero, el despacho del ministro de defensa, una criatura humana cuyo tiempo de vida era demasiado escaso como para recordar las afrentas provocadas a la nave. Pero, aunque de una especie efímera, el hombre era un ejemplar sumamente anciano. Había reemplazado las partes de su cuerpo que se habían vuelto inútiles por implantes cibernéticos que resaltaban obscenamente en su carne. Aquellos ojos de metal siempre abiertos emitían una luz azul fantasmagórica que penetraba hasta lo más profundo de la mente.

      –Trece, once– murmuró– ¿Cómo responderás a eso, Kaiser? Si salvas tu grupo de la izquierda me estarás regalando el centro del tablero.
      Muy agudo– aduló una voz artificial–. Creo que plantearé una lucha Ko.
      –Una lucha infinita, ¡qué apropiado! Pocos jugadores pueden resistir la tensión mental de enfrentarse a perder lo que creían ganado, lo que habían conquistado y donde podían reposar por derecho. Construimos nuestras vidas sobre creencias dudosas a las que atribuimos la solidez del acero. El Ko sólo revela la debilidad de esos cimientos. Es entonces cuando un hombre descubre que no ha conquistado nada en su vida; que sólo vivía un sueño frágil que el enemigo le permitía disfrutar, y que deshace con la misma facilidad.
      «Plantea la lucha, Kaiser. Las columnas que he construido son resistentes porque reposan sobre cimientos de columnas rotas. Es a eso a lo que los humanos llamamos "vida". No temo tu envite. Si atacas mi escudo, destrozaré tu espada. Y si destruyes esas columnas, sólo añadirás cimientos a los cimientos, y sobre ellos construiré un castillo más grande.

      –Es la reflexión más profunda que he oído referida al go– dijo una voz conocida. Abduliván, o al menos su imagen onírica, apareció en medio de la estancia–. Lyeon, te noto ocioso al ver que te permites gastar el tiempo en un juego.
      –Nada es un juego. Pero, ¿qué quieres que haga? El número de conflictos violentos se ha reducido a una magnitud de menos doce. Es la primera vez que puedo enumerar de memoria las campañas militares y los ejércitos y generales involucrados en ellas... y no desde el enlace coronal, ¡sino desde mi propio cerebro! Los ministerios viven de los problemas de la población, ya lo sabes, y el Dominio está pacífico como hace siglos. ¿Qué queda para mí? Languidezco atrapado en esta nave, en este mundo, viendo cómo el motivo de mi existencia se hace más y más pequeño.
      –Lyeon Voennyevitch, el guerrero poeta –se burló el otro.
      –Pero más importante que a qué dedico mi tiempo es a qué lo dedica el primer ministro, el segundo humano con más poder del Dominio. ¿Qué haces aquí, Abduliván? ¿He de suponer que soy tan importante como para que tú en persona... o en imagen onírica... vengas a decirme qué hacer? Te dije hace tiempo lo único que quería oír de tus labios. ¿Me lo dirás en esta ocasión?
      –Es pronto aún para eso. De momento, me traen aquí problemas más mundanos.
      –No hace falta que me lo digas. El registro de Alíichi... ¿es eso? Se ha propagado por la red ansible como una explosión. Esta mañana ha llegado a menos cuatro. ¡Excepcional! Ya rivaliza con los noticiarios de la Dinastía. Debí suponer que también llamaría tu atención. Entiendo la grave amenaza que representa...
      –Te equivocas... vengo a hablar de insectos– corrigió Abduliván, con toda seriedad.

      Lyeon se temía algo como aquello. No aquello, exactamente, pero sí algo desconcertante. Durante sus ciento veinte años de carrera militar había adaptado su cerebro para no mostrar sorpresa, que consideraba un signo de debilidad. Había dicho "insectos", y Lyeon lo tomó con toda seriedad, como si se tratase de un asunto de Estado.
      –Hay un dicho de la antigua Tierra –dijo Abduliván–. Reza: "si ves una cucaracha, es que hay quince escondidas que aún no has visto"... He visto una cucaracha en mi cuarto. Es de una especie muy particular. ¿Te gustaría verla? La tengo aquí –deslizó su mano hacia el bolsillo.
      Lyeon estaba aprensivo. No entendía la actitud del primer ministro, ni creía que éste fuera a mostrarle realmente el cuerpo de una cucaracha. Abduliván sacó la mano cerrada en un abultado puño y se la acercó. Sólo cuando la tuvo debajo de sus narices empezó a abrirla, y el gesto de Lyeon pasó de aprensivo a asustado.
      –¡¿Aquí?!
      –Tranquilo, está muerto. Recuerda que puede haber otros quince escondidos.
      Lyeon tragó saliva.
      –Será mejor que... ¿llamemos a un exterminador?– dijo, usando el tono necesario para poner de relieve un segundo significado.
      –De momento, he puesto el asunto en conocimiento de la soberana –y añadió, como si fuera lo más natural del Dominio–. ¿Te apetece que salgamos a dar una vuelta?
      –¿Y no habrá insectos fuera?
      –No en el lugar al que vamos. Te estoy esperando fuera del palacio en un minijet... trae algo para comer.

      Kaiser suspendió la partida de go cuando el ministro de defensa abandonó el palacio. Estaba preocupado, al menos todo lo preocupado que podía estar ina inteligencia artificial tan particular. Se había analizado en numerosas ocasiones encontrando, cada vez, mayor número de anomalías y disfuncionalidades, que se incrementaban al pensar en Lyeon.
      El ministro era un profesor paciente pero, de vez en cuando, decía o hacía cosas que provocaban algo que Kaiser no había conocido nunca. Con curiosidad, había buscado en un diccionario, y la palabra que mejor encajaba para describir la causa de sus síntomas era "ira". Al fin y al cabo, él, Kaiser, tenía una memoria fría que no olvidaba, y no perdonaría jamás la vejación a que le habían sometido, ni la mutilación de sus motores iónicos.
      Al monitorizar los valores neuronales del ministro, tuvo acceso también al registro de Alíichi. Lo repasó varias veces desde diversos puntos de vista, pero todos los análisis arrojaban una única salida: "¿cuándo?".

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    • Pero no era un edificio
      puedes prescindir del "pero".

      el discurso en el dialogo está bien, pero parece un tanto exagerado. se esperará que en el futuro ese PJ se exprese de forma similar.
      el Dominio está pacífico como hace siglos.
      mejoraría esa expresion.
      o en imagen onírica...
      mejor otra forma que no sea la ya usada por el narrador.
      No aquello, exactamente,
      me sobra la 1º coma.
      Con curiosidad, había buscado en un diccionario, y la palabra que mejor
      encajaba para describir la causa de sus síntomas era "ira".
      esto es exagerado.

      está bien, tengo curiosidad por ver qué ocurre con esta historia. me desconcierta que haya tantos frentes abiertos, pocos puntos comunes que guien al lector, pero es pronto para juzgar si eso es negativo. ¿para cuando más?
    • "Pero"; ok, tienes razón.
      "Pacífico", también. En ese momento buscaba una palabra como "tranquilo", pero no la encontré.
      "imagen onírica", otra vez, tienes razón, igual que con la coma.
      Lo único que no entiendo es que ese párrafo sea "exagerado".
      ¿Para cuándo más? Para el próximo martes.

      Pues edito.

      III


      Laureada había estado hablando con Kalr al borde del precioso lago de los sauces. El la llamaba por su nombre de pila y la miraba por encima del hombro, mientras que ella, con la mirada baja, asentía "sí, señor Blackstar".
      –¿Has visto el registro de Alíichi? –"sí, señor Blackstar"–. Pero, claro. ¿Cómo no vas a haberlo visto, si ya lo ha visto todo el Dominio? Yo lo he encontrado sumamente interesante... más aún, ¡estimulante! ¿No opinas igual?– "sí, señor Blackstar"–, claro. ¿Y por qué opino que es estimulante? Porque afecta a nuestra sociedad de forma básica, nuclear. Es un caso, incluso, paradójico.
      «Está el caso del enhebrador: Alíichi se enhebró incorrectamente, ¿recuerdas? Y eso es imposible... o eso aseguran los científicos. ¡Je! ¡Cuántas personas se acobardarán ahora y dejarán de enhebrarse! Un estúpido registro mental va a desbaratar toda la economía... en el futuro lo recordarán y se reirán de nosotros; yo el primero.
      «Deja que yo te exponga más claramente este punto –"sí, señor Blackstar"–. Alíichi no se enhebró en su destino oficial, Magna Armada... por cierto, ¿qué estarán haciendo ahora esos estúpidos? Seguro que no tienen a nadie competente para pensar en el suceso como es debido... ¡haría bien en mandarles mis análisis!... sigo, que pierdes el hilo. Alíichi se enhebró en otro sitio, donde necesariamente le estaban esperando, como se deduce por la señal "sígueme". Por el error asociado a la enhebración, dicho lugar no podía encontrarse lejos, o no se hubiera enhebrado lo bastante cerca como para recibir la señal... por tanto, el destino efectivo tiene que encontrarse en la misma Vía Láctea.
      «Y, sin embargo, el análisis de constelaciones dio negativo, lo cual es... ¡imposible! ¡Todos los sistemas están mapeados! Por tanto, necesariamente debió ser enhebrado fuera. Y ya tenemos nuestra paradoja, ¿entiendes? –"sí, señor Blackstar"–. Por supuesto, está el caso del tentáculo. Yo he pensado que puede tratarse de un caso de confusión mental. Por supuesto, cabe la posibilidad de una violación de la ley científica. ¿Te lo imaginas? ¿...a alguien haciendo ciencia prohibida? Oh, ¡eso está mucho más allá de la capacidad de los piratas!
      «Creo que haré un informe y lo enviaré inmediatamente a Magna Armada, adjuntando mis impresiones sobre su baja capacidad analítica...

      –Y te lo devolverán con sus impresiones sobre dónde puedes meterte tu gigantesco ego –dijo Abduliván, tras ellos–. ¿Cómo puede ser tan creído alguien con un nombre disléxico?
      Lyeon saludó a los dos con una mano metálica y aire marcial. Kalr no dejó de hablar.
      –¡Primer ministro! Ya empezábamos a pensar que no vendría a la cita... precisamente usted, el que nos ha convocado. Tendría gracia. Estaba hablando con Laureada sobre el registro de Alíichi, y mis interesantes deducciones...
      –Que quede bien claro– cortó Abduliván–: a quien vuelva a hablar del registro de Alíichi... ¡le corto el enlace neural! Señores, que somos ministros. No deberíamos dejarnos impresionar... o engatusar... por lo que a todas luces es el producto de una insidiosa campaña publicitaria, ¡y eso en el mejor de los casos! ¿De verdad os habéis creído todo eso de tentáculos y ojos inhumanos? ¿De sistemas fuera del Dominio? ¡Ja! Veréis cómo dentro de unos meses se anuncia el siguiente estreno de pancinematográfico. Auguro que se llamará "Alíichi y el tentáculo gigante".
      «Pero que quede claro que os he citado aquí para hablar de un asunto mucho, muchísimo más importante. Pero, antes de nada, ¿os apetece un baño?

      Se miraron, y miraron la calmada superficie del lago. Kalr evidenció su comprensión con una sonrisa cómplice, que no necesitaron hacer los otros dos.
      –¡Ajá! Gran idea. Debí suponer que por eso nos habías citado a orillas de un lago. Pero, si lo hubieras dicho, habría traído traje de baño.
      –Que no os dé vergüenza–rió Abduliván–. Yo tampoco lo he traído... sí, es que he visto el agua tan apacible que me han entrado ganas. Vamos, ¡acompañadme! Y no olvidéis quitaros los enlaces coronales; pueden estropearse con el agua.

      Abduliván se desnudó ante ellos, quitándose también el trozo de fibra electrónica que rodeaba su nuca de oreja a oreja, y echó a andar hacia la pulida superficie del lago, sin ningún tipo de vergüenza. Había pasado varias veces la edad de sentir vergüenza por su cuerpo desnudo. Mientras veían alejarse sus carnes blandas y blancuzcas, Laureada miró a otro lado con la cara roja, Lyeon comenzó a desvestirse y Kalr sintió una punzada de envidia.
      El cuerpo desnudo de Lyeon realmente no tenía nada por lo que sentir vergüenza. De cintura para abajo una piel sintética reemplazaba completamente a la carne; piel sintética que representaba bastante bien esas regiones del cuerpo, salvo aquellas relacionadas con la reproducción. El ciborg dejó también la tira electrónica de su nuca junto con sus ropas. Luego, clavó sus leds azules sobre los otros dos y declamó:
      –¡Obediencia! La sociedad está construida sobre la obediencia. ¿Creéis que me place sentir el frío látigo sobre mi piel? Ah, ¡dichosos los jóvenes que no conocen el rigor del mando militar! Si no tenemos mando, ¿qué somos? ¿animales que se arrastran a placer para cubrir sus propios y mezquinos fines?
      «No cumplo órdenes porque me gusten. Las cumplo porque son órdenes. Ahora, ¡desvestíos y obedeced al primer ministro!
      –¡Jodido vacío cósmico!– exclamó Kalr, y se desvistió también.
      Laureada creía que estaba en una pesadilla. Se preguntó si no podría volver lentamente al Palacio de la Ley y hacer como que no les había oído, como que no había estado ahí. Mirándola se hubiera dicho que las briznas de hierba nunca le habían parecido tan interesantes.
      La llamaron: "Laure, ven... el agua está muy calentita". Era la voz de Abduliván; ¡Abduliván, siempre con sus estupideces! Ojalá... ojalá... pero Laureada ahogó el pensamiento antes de que se hiciera demasiado fuerte y, entonces, tuviera que hacerle caso. Se acercó, vestida, al borde del lago, pero ellos estaban nadando cerca del centro.
      "Son como niños, como odiosos niños que...", pero era mejor olvidar. Comenzó a desvestirse, sin creer apenas que lo estuviera haciendo de verdad. Pero se dejó la ropa interior, y se metió al agua con ella para nadar hacia donde estaban ellos. ¡Vaya si destacaba! El agua era cristalina, como si fuera aire. Abduliván le afeó su conducta timorata y le obligó, verbalmente, eso sí, a dejar toda su ropa en la orilla.

      Hecho esto, una vez estuvieron todos reunidos en el lago, Abduliván cambió su tono dramáticamente.
      –Odio el agua. No creáis que esto me apetecía lo más mínimo... ¡deberíais veros las caras! –se permitió decir, risueño–. La razón de hacer esto es sumamente grave. Algo está ocurriendo aquí, en Magna ORIGEN, el mismo centro del Dominio, que me llena de preocupación.
      «Ya debéis de saber que soy un poco paranóico. He aquí un comportamiento que puede que os resulte desconcertante: todos los días registro minuciosamente mis habitaciones buscando lo que yo llamo "cucarachas", y que no son otra cosa que micrófonos ocultos. Mi fracaso en este empeño durante los últimos doscientos años... sí, llevo doscientos años en el cargo... no minó jamás mi diligencia. Y hete aquí que ésta fue premiada esta mañana, regalándome mi primera "cucaracha". Oís bien, el primer ministro estaba siendo espiado.
      «Fue entonces cuando os cité aquí. ¿Qué duda cabe de que si me espían a mí es muy posible que también os espíen a vosotros? Por supuesto, no os dije nada de esto. No he nacido ayer, como creo que ha quedado bastante claro, y conozco muchas de las argucias de los espías. El micrófono que había en mis habitaciones era antiguo, primitivo... tosco. El mismo doctor Watson lo hubiera encontrado sin llamar a Holmes. La razón es bien simple: ¡era una trampa! Te muestran un micrófono ostensible para que, cuando lo desactives, te sientas libre para hablar; y así, el "otro" micrófono, mucho más sutil y elaborado, capta todo lo que puedas decir y los errores que puedas cometer.
      «¿Y qué hay de ese "otro" micrófono? No lo sé. Puede estar en la ropa... razón por la que os cité aquí, para poder hablar de esto sin la presencia amenazante de esas telas, sus pliegues engañosos y sus fibras traicioneras. Puede estar en el enlace coronal. Por eso os he pedido también que lo dejéis allí.


      –¡Muy inteligente!– alabó Kalr– ¿No es inteligente, Laure?–"sí, señor Blackstar"–. De modo que estamos siendo espiados. ¡Ya daré yo con el instigador de todo esto! Pero... de momento, todos son sospechosos. Incluída la soberana.
      –Incluyámonos a nosotros mismos– puntualizó Lyeon–. Incluyamos también a las bastas inteligencias artificiales pre-Dominio cuyas consciencias son tan anchas como el negro vacío, y más profundas e inexplicables. ¿Quién de nosotros puede decir que comprende a Kaiser, a Omega, a Lucasiano o a Arconte? Puedo sentir emociones intensas en Kaiser escondidas detrás de cada palabra, de cada em-sinapsis; lo mismo notaréis los demás.
      –Ah, de momento, ¿qué importa?–bostezó Abduliván–. Hay un asunto mucho más importante que todo esto. Algo de cuya resolución depende la estabilidad de todo el Dominio. Algo que está, seguramente, estrechamente relacionado con estas cucarachas. He de deciros que no os he traído aquí para advertiros sobre las escuchas. No... eso ha sido sólo una aclaración necesaria, educada, por mi parte, si queréis creer que puedo ser educado. La razón de que os citara aquí, de que me tomara tantas molestias para evitar que escucharan esta conversación, es la que intuyo que es la raíz de todo esto: el registro de Alíichi.

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    • Novela de Master, de ciencia ficción pura. Muy buena, creo que cada vez más las partes de los capítulos tienen más sentido -es decir, cuando leí lo de las cucarachas pensé ¿que importa eso ahora? hasta que en la III parte se explica lo que son-.

      Perfecto, para mi gusto sigue por el buen camino aunque tendría una duda y me gustaría que me la contestaras. Quizá haya salido entre el relato pero no me he enterado. ¿Laureada es como la secretaria de Blackstar o es un androide/máquina programada para decir: Si señor Blackstar? Creo que lo entendí, es como un tipo de secretaria que asiente todo el rato aunque no se que pinta en esa reunión en el lago.


      Sigue por favor.
    • Capítulo 2º/I

      Como siempre, gracias por comentar. Lamento el retraso de esta semana, aunque espero compensarlo con este punto.


      Capítulo 2º:
      Ventana al subdominio


      Ese brebaje que me preparó el médico debe de estar equivocado... ¡nunca he tenido tantos ojos!
      Adonis Dinastía, Galaxar de la Gran Nube de Magallanes. 462 e. D. Magallanes


      I


      ¿El nombre del planeta? Oficialmente, se trataba de Tercer Paraíso Magallánico de Lee, número 14.444.441, por lo que era conocido como Capicúa de Lee, Capicúa Calurosa o, simplemente, el Culo de Magallanes. Estaba separado catorce niveles de Magna ORIGEN, lo que hacía de él uno de los planetas menos conocidos del Dominio. En una ocasión, quién sabe si a modo de broma o apuesta, desapareció misteriosamente de las bases de datos de la Gran Datateca, y los enciclopedistas tardaron setenta años en descubrir el error... y diez más en tomarse la molestia de corregirlo.
      Capicúa –convengamos en llamarlo así– era un guijarro girando alrededor de un ascua en la gran Nube de Magallanes. ¿Su actividad económica? Las granjas de mohos. ¿Sus principales aportaciones a la historia de la humanidad? La expresión "estás más perdido que Capicúa de Lee", que fue popular en los alrededores durante tres años en el siglo XI e. D.

      La aburrida geografía del planeta es la típica de un mundo geológicamente moribundo. Cuatro grandes volcanes salpican su rostro como el acné, y tiene una pequeña falla en alguna parte, que ni los nativos acuden a ver de turismo. El agua, traída desde los cometas de la nube de Oort de su sistema planetario, cubre sólo un cuarto de su superficie, en forma de único océano –llamado "la charca" por los capicuanos– en cuya cosa se erige la ciudad fundacional que, como cualquiera podría figurarse, se llama Lee.

      El único elemento digno de mencionar del planeta es su fabuloso espaciopuerto estilo Alejandrino Cuartesco de tiempos de su famoso descubridor. La ciudad que crecía como... como moho a sus pies era provinciana y polvorienta, llena de edificios igual de provincianos y un poco más polvorientos. A uno de esos edificios, que no destacaba externamente en ningún aspecto, se acercaban dos figuras vestidas con el atuendo local, a saber, un saco de tela envolviendo el cuerpo y dejando una pieza para la cabeza tan elegante como puede serlo una mofeta.

      Una de las figuras, considerablemente más grande que la otra, golpeó impacientemente la puerta del edificio mientras la otra usaba el enlace coronal para llamar al timbre virtual.
      –No compramos nada– bramó una voz em-sináptica a través de las ondas.
      –Contempla la maravilla de Dios... Quién enderezará lo que él torció–respondió la figura comparativamente menor, igualmente a través del enlace.
      –Identificaos.
      –Orsean 23 y Golem 5.
      Se abrió un cajón directamente de la pared. La voz em-sináptica añadió:
      –Introduzcan ahí sus enlaces coronales.
      –Golem 5 no usa enlace coronal– respondió la figura pequeña, identificada como Orsean 23, después de depositar la tira de metal-plástico que había rodeado su nuca en el cajón.
      –Está bien... esperen a que revisemos éste; llevará un minuto... De acuerdo, todo correcto. Pasen.

      La puerta se abrió y la luz del interior bañó a Orsean y Golem. Pasaron y la puerta se cerró tras ellos rápidamente.
      Habían accedido a una sala pequeña que parecía cumplir con las mismas funciones para la ley que una esclusa para el agua: Sólo había otra puerta y, a buen seguro, estaría necesariamente cerrada hasta que se cumpliesen ciertas formalidades. Les recibió un microcéfalo diminuto con voz nasal:
      –Disculpen las molestias. Estamos teniendo muchos problemas con la policía, últimamente.
      –Ni siquiera en Capicúa de Lee nos dejan tranquilos, ¿verdad?
      –Pues ya ve. Ahora, si me permite, debo comprobar que su amigo no tiene enlace coronal.

      El liliputiense se dirigió a Golem, resopló y susurró un "por favor". Golem se tuvo que poner de rodillas para que el enano llegase a tocar la parte posterior de su cabeza.
      –Todo en orden–concluyó–. En cuanto a usted, Orsean 23, debo quedarme con su enlace coronal hasta que abandone el local, como usted comprenderá –usaba el tono de quien dice algo tan obvio que teme molestar por ello.
      –No hay problema. Ya he estado antes en sitios como este.

      La otra puerta de la habitación se abrió de golpe, y los tres pasaron al otro lado. La música, trepidante, chillona y exhibicionista, les tragó y les masticó como si fueran chicle. Las luces de varios colores bailaban alrededor de las figuras que se retorcían en las plataformas, mientras el público observaba atentamente.
      Sobre una de las plataformas había una especie de gusano orondo del tamaño de una hormiga de Nueva Ceres, con cabeza de mujer y ubres de vaca. La concurrencia aplaudía y temblaba a la vez. En otra plataforma, bajo el cartel de "lucha de criaturas", había una hormiga de Nueva Ceres peleando contra un búfalo. La gente hacía apuestas por ver cuánto tardaba el búfalo en ser aplastado.

      Orsean y Golem se apartaron del bullicio, o al menos lo intentaron, quedándose en una mesa de un rincón. Orsean se sentó en una de las sillas, y Golem, para quedar a su altura, se sentó en el suelo. Se pasó por un par de cabezas. Mientras se ponían cómodos descubrieron que desde allí tenían un buen pasillo de visión que llegaba hasta el coliseo, donde dos hombres se daban muerte de la forma más espectacular que recordaran.
      –¿Quieren tomar algo los señores?–preguntó el hombre diminuto de la entrada, o uno que se le parecía bastante–. Tenemos crack, crunch, meta, hiper, ultra...
      –Queremos hacer un negocio– respondió Orsean.
      –¿Un plan de pensiones? –preguntó el hombrecillo, ligeramente cohibido.
      –Algo un poco más ilegal.
      –¿Desean participar en alguno de nuestros espectáculos? La lucha de gladiadores se le daría bien a su amigo... ¡está muy bien pagado, y si pierde, su viuda recibirá un 10%!
      –Lo que deseo es –dijo Orsean, muy despacio y muy, muy bajo– hablar con alguien de CIMA.

      Pese al bullicio y al volumen de la música, las cabezas más cercanas giraron brevemente, lo que dura un parpadeo. Luego hicieron como que volvían a lo suyo, pero con una oreja orientada a la mesa del gigante y el tipo que había mencionado a CIMA.


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      The post was edited 1 time, last by Master Ageof ().

    • Esta es mi primera intervención en una de estas novelas de reciente publicación. La razón de mi silencio es que he esperado (y seguiré esperando en las otras) hasta comprobar que hay un mínimo de continuidad y de posibilidades serias de constituirse en una verdadera novela.

      No voy a entrar a discutir se te falta o sobra un acento o si un "le" es en realidad un "lo". Si algún día piensas enviarla, ya completa, a alguna editorial con mucho gusto de ayudaré en calidad de corrector.

      Lo primero, decir que me está gustando y mucho. Tiene algunos toques que me recuerdan a EUT (los neologismos y cómo se entremezcla la historia con realidades matemáticas). Al leer el prólogo he pensado ¡me ha plagiado Urusea! Pero no. Está mucho mejor, he de reconocer que cuando escribí Urusea yo también pensé en "algo" que capturase los pensamientos del protagonista, pero lo deseché ante el poco tiempo que tenía y mi incapacidad para explicarlo.

      Son ciertas algunas cosas que te dice z666, pero hay que tener en cuenta que en una novela resulta difícilisimo mantener el nivel de un relato circense en absolutamente todos los pasajes. Es natural que, en ocasiones, el ritmo decaiga un poco o que no todas las frases sean igual de brillantes.

      Me gustaría destacar la originalidad del planteamiento (eso de "enhebrarse" me encanta) que me evoca la ciencia ficción más pura. Quizás echo un poco en falta algo más a qué agarrarme como lector porque se abren muchos frentes desde el principio, pero confío en que Master hará honor a su nombre y logrará ir enhebrando de forma magistral todos los hilos que conforman la trama.

      Sigue, por favor, que esto pinta muy, muy bien.

      EDITO: Estoy con EPI en lo que dice del prólogo. Esos continuos cambios de tiempo verbal del presente al pasado me han creado algo de confusión, no sé si es algo intencionado...

      The post was edited 1 time, last by Lómeron ().

    • Si algún día piensas enviarla, ya completa, a alguna editorial con mucho gusto de ayudaré en calidad de corrector.
      Gracias por ofrecerte... pero no creo que sea el caso.

      Sobre su parecido con Urusea: es dado a las buenas obras inspirar otras.

      Los cambios verbales en el prólogo son intencionados (aunque soy consciente de que marean). La primera mitad está en pasado porque la está pensando en pasado. El primer "momento presente" es cuando dice
      "Ahora sólo me queda esperar y salir tranquilamente del estado zanta sin que colapse mi sistema nervioso."
      Es decir. Ha estado recordando lo de antes, y a partir de esa frase no recuerda, sino que lo vive en presente.

      Esta semana puedo ser puntual, aunque ya adelanto que la próxima me volveré a retrasar hasta el viernes (estaré en un sitio donde no puedo conectarme).

      II



      El microcéfalo desapareció tras una muralla de humo al que las luces del local prestaban sus colores. Detrás se dibujaban, como fantasmas en la niebla, las figuras de las decenas de personas que habían acudido a vender su vida y su salud a cambio de placeres prohibidos; almas perdidas que ansiaban catar un pequeño pedazo de infierno y matarse lentamente tanto en cuerpo como en mente. La concurrencia se dividía en compradores y vendedores, clientes y expendedores de demencia... presas y depredadores. Olía a caza; y a humo, a droga y a lascivia.

      Su mención de CIMA había removido el ambiente de la fanzui como un canto rodado perturba la superficie del agua: saltando de parte en parte hasta que acaba por hundirse y reunirse con las piedras del fondo. Los cazadores menores y los parásitos sienten atracción por la agitación, mientras que presas huyen de ella. El local se llenó de miradas desviadas, salvo por unas pocas que se posaron inquietantemente en ambos. Eran ojos crueles.
      Del patio vino una exhalación de furia y euforia obscenamente mezcladas. El combate de gladiadores acababa de terminar y el dinero cambiaba de manos en un antiguo ritual. Un hombre que había estado observando por la ventana volvió la cabeza hacia ellos. Le faltaba la mitad izquierda de la cara, y la otra mitad, un cuadro de avaricia y concupiscencia, no era mucho más agradable. Su único ojo orbitó a su alrededor, estudiándoles, midiéndoles; haciendo cálculos internos. Se aproximó con un andar engreído:
      –Tengo buena memoria. Sois nuevos en la fanzui y en la ciudad... y seguramente en el planeta. Si no lo fuerais, os recordaría. Es fácil recordaros, aún no teniendo una memoria tan buena como la mía.

      Orsean tradujo mentalmente. "Estáis llamando mucho la atención", lo cual incluía implícitamente una bandera blanca y una propuesta de colaboración. El individuo vestía gris, como todos en ese planeta. Personas grises vistiendo de gris.
      –He oído la palabra mágica bailando en tus labios– posó su único ojo en Golem–. Bueno, salta a la vista que ya has tenido contactos. Tu muchacho es grande... aunque lo veo un poco flojo. ¡No aguantaría ni dos asaltos contra el campeón!... No me he presentado. Soy Zolhom 34A, mucho gusto, mucho gusto –se sentó a la mesa, al lado de Orsean–. Ahora que nos conocemos, creo que podemos hablar de negocios. Lo primero que debo recomendarte, amigo mío, es que no uses la palabra mágica. No, desde luego, en una fanzui, pero definitivamente tampoco fuera... Creo que sabes de qué palabra hablo; esa que arma tanto revuelo.
      –No estoy aquí por ti –moduló Orsean–. Será mejor que te vayas.
      –Espera a que te presente mi caso– insistió el otro–. Soy un empresario que quiere hacerse con un hueco en el mercado. ¡Lo que te pueda dar esa otra organización te lo puedo dar a mitad de precio! Pero no me creas a mí... quisiera presentarte a mi amigo –y silbó.
      De alguna parte tras la humareda surgió un hombre como tallado en piedra, de altura difícil de calcular, pero decididamente mayor que Golem, ya que tenía que andar agachado dentro del local. Le faltaba la mitad derecha de la cara.
      –Este es Zolhom 34B. Se parece a mí, ¿verdad? Éramos gemelos... siameses, ¡pegados por la cara! Lo que quiero que consideres es su circunstancia física. ¿Cuánto dirás que mide? ¿Tres metros? ¡No, amigo! Tres metros y cuarenta centímetros. ¿Y su peso? Seiscientos kilos de puro músculo. ¡Podría arrancarle los brazos a tu amigo y hacérselos comer!– Golem enarcó una ceja al oírlo–. Tanto si buscas esclavos para una granja como gladiadores para un coliseo, puedo conseguírtelos. Dame un alfeñique como yo y lo convertiré en un toro como mi hermano.
      –¿Cómo lo consigues? –Respondió, mostrando interés por primera vez–. ¿Hormonas? ¿Esteroides?
      –¡Nada de eso, amigo! Zolhom no usa esa mierda. No puedo desvelar mi secreto... pero por ser tú y porque ya nos conocemos, revelaré que inyectamos nuestra solución directamente en cada músculo. He oído que es terriblemente doloroso, pero después nunca se quejarán... es malo para el cerebro.
      –No me interesa–toda la atención que había puesto se había disuelto.
      –Pero, ¿por qué? –preguntó Zolhom, e insistió como un vendedor ambulante regateando.
      –Nunca obtendrás los resultados de... de la organización con la que quiero contactar.
      –Ah, sabía que dirías eso, amigo. Te sugiero que prestes atención al próximo combate. Allí verás a Zolhom B destruir al "mono". Si gano... no, cuando gane, te buscaré y no tendrás excusas... pero, ¿qué? –algo pequeño se había colado entre ellos –¡Enano estúpido, no me interrumpas...! Ah, ¡Ah! Lo... lo siento... no quería...

      Zolhom y Zolhom saludaron y se fueron precipitadamente, dejando una peste a sudor mayor que el olor de las drogas disueltas en el humo.
      –Repugnantes– dijo el bulto, que se trataba de una niña, y parecía referirse a los Zolhom. Estaba enfundada en un vestido de color pastel con motivos inocentes, y su voz añadía una cierta nota de dulzura. Lo único que producía aprensión era la máscara que le cubría completamente la cabeza como si se tratara de un casco espacial, dejando sus rasgos en la oscuridad más inquietante–. ¿Habéis estado antes en sitios como éste? ¿Sí?... ¿Por qué me miras así? Sí, soy una niña; tengo diez años, por si quieres saberlo. Me han enviado a buscaros. Venid conmigo– y añadió, como si hubiera estado a punto de olvidársele– ¡por favor!

      Se levantaron y la acompañaron a través de las habitaciones, sin poder evitar darse cuenta de que la niña producía cierto efecto entre la concurrencia. Los ojos que la miraban... ¡estos sí eran los ojos de una presa! El humo y el bullicio se difuminaban conforme abandonaban la zona principal, donde los clientes consumían su vida y su dignidad. Esa zona quedaba atrás, como un mal recuerdo. Aquello nada tenía que ver con el resto del edificio. Las maderas viejas añadían una nueva dimensión de profundidad y tristeza, como si se apenasen de albergar semejante centro de vileza.
      Aquella niña despertaba una curiosa sensación de terror. Quizás fuera la máscara, quizás la reacción de los depredadores ante ella; había algo a la vez antinatural y sobrenatural en cómo caminaba, y parecía tomar posesión de cada pedazo de suelo que pisaba. Se diría que estaba en su casa, y los demás fueran simples invitados.

      La niña se detuvo frente a un ventanal que daba al patio, donde un gran círculo rojo, cuyo color se renovaba en cada espectáculo, marcaba el casero coliseo. Alrededor, había decenas, cientos de personas, gritando. Parecía que era lo único que sabían hacer. Gritar, silbar y morir. Dos hombres gigantescos entraron en el círculo. Sólo había un árbitro: la muerte.
      Uno de los hombres estaba cubierto de pelo, como un mono. Desde la distancia, sus rasgos parecían atávicos, con una mandíbula prominente y grandes arcos superciliares. Al final de la espalda tenía una larga prolongación, como una cola. Su expresión, no obstante, denotaba inteligencia. El otro, mucho más grande, era Zolhom 34B, con la mirada ida y los músculos contraídos.
      –¿Por cuál apostaríais?– preguntó la niña.
      –Por el mono– dijo Golem, pese a que este contendiente no parecía precisamente el favorito.
      La niña rió, divertida.
      –¡Has acertado! El mono ha sido tratado por mi maestra. Ganará, por supuesto. Aunque parece pequeño, cada músculo, cada gramo de cada músculo, vale por diez... Me han dicho que buscáis contactar con CIMA. ¿Por qué?–miró a Golem–, ¿queréis participar en la lucha de gladiadores?
      –Nuestros motivos son privados– expuso Orsean–. A menos que pertenezcas a CIMA, no podemos decirte nada...
      –A todo esto– intervino Golem con una curiosa dulzura en su voz, como si temiera dañar con ella a la chiquilla–. Tú, eh... ¿cómo te llamas?
      –¡Qué tonta! Se me olvidó deciros mi nombre. Soy Futura. Encantada de conoceros...
      –Orsean y Golem –se presentaron.
      –Futura... ¿eres esclava de CIMA, o algo así?
      La niña rió, de nuevo. Al hacerlo, llevó su mano instintivamente hacia la boca en un gesto milenario, pero topó con la incómoda máscara.
      –CIMA no tiene esclavos. Por favor, no nos confundáis con los de la fanzui. Aunque vivamos en el mismo espacio y nos persiga la misma gente o nos demos mutuo cobijo ante la ley, somos distintos. ¡Radicalmente! También hay diamantes entre el carbón, y brillantes quasares entre el polvo cósmico.

      –¿Y ese casco?–preguntó Orsean.
      –Mi maestra dice que la gente no debe verme la cara –respondió con total naturalidad–. ¡Mirad! Ya ha empezado.

      En el coliseo, el mono y Zolhom daban vueltas, amenazándose, enseñándose los dientes. En un acto más rápido que la vista, Zolhom golpeó con la fuerza de una tempestad el pecho de su rival, que fue empujado fuera del ring... no se había acabado. El público había comprado sangre.
      El gigante saltó sobre su presa abatida haciendo notar sus seiscientos kilos con el temblor de la tierra. Su rival se había zafado, pero fue demasiado lento y Zolhom le abrió el brazo con un cuchillo que llevaba escondido. No había reglas, sólo que uno debía morir.

      –¡Vamos, mono, tú puedes!–gritó Futura.
      Más tarde Orsean supo que la respuesta comenzó en ese punto. En un momento, todos y cada uno de los tendones y músculos del mono se marcaron. Agarró a su oponente y, con la fuerza de un solo brazo, lo levantó y mantuvo en el aire su más de media tonelada. Al lanzarlo, todo parecía imposible, una broma de la naturaleza, como si una hormiga pudiera hacer frente a un elefante, como si bajo el pelaje de aquellos brazos no hubiera músculos sino grúas hidráulicas impulsadas por energía nuclear.
      Al caer Zolhom, el sonido de los huesos al romperse llenó de ecos el pasillo. Futura estaba extasiada:
      –Saboreadlo. ¡Ese es el poder de CIMA!

      Algo paralizaba el corazón de Orsean. ¿Sería la demostración de violencia que acababa de contemplar? Imposible: estaba acostumbrado a ella. Entonces, sin duda, era la familiaridad con que Futura, aún una niña, trataba esa violencia. No podía ver sus rasgos, pero se los imaginaba regocijados.
      –¡Huy! –dijo ella. Su voz sonaba ligeramente distorsionada por el casco–. Nos estamos retrasando.

      Atravesaron un pasillo y comenzaron a bajar escaleras, tantas como para llegar al centro del planeta. CIMA sabía guardar bien sus secretos. Llegaron a una puerta blindada:
      –Mi maestra nos está esperando. Y no le gusta esperar...


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    • Ese "regozijados" duele, cámbialo, por favor.

      Ciencia ficción de la buena, el error de los principiantes suele ser intentar explicar qué pasa en un gran imperio y qué les ocurre a sus generales, etcétera. Pero el lector necesita a personajes que se mezclen con el populacho, que exprerimenten sus sensaciones, que CREAN que están allí.
      Con este pasaje, desde luego lo has conseguido.

      Bien, se va poniendo interesante, sigue así.

    • Tras la revisión de cuatro horas de hoy en el Prado, debo decir que pinta tremendamente bien. Mañana segunda sesión en Retiro para hacer lo que va de segundo capítulo y ya comentaré impresiones algo más a fondo.
      Y me encanta el toque de sci-fi sci-fi que tiene, ciencia ficción de la buena, de ésa en la que todos los tecnicismos hacen falta, en la que todos los personajes tienen mil cosas raras y en las que cada suceso está entrelazado con el seguiente, el anterior y alguno que ni es uno ni es otro pero anda por ahí cerca. Como siempre, faltan cosillas en los diálogos, ya lo hemos hablado. Pero mola.

      Bien, bien.