El Teléfono Malogrado del LdB

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    • El Teléfono Malogrado del LdB

      Buenas,

      Tengo el placer de presentaros esta iniciativa literaria a medio camino entre un divertimento y el deseo de hacer participes a todos los usuarios de nuestra sección de el LdB.

      ¿En que consiste el Teléfono Malogrado del LdB? básicamente se trata de elabora una historia a escote, pero de forma colaborativa y de forma que construyamos relatos que tengan un sentido literario entre todos los usuarios para nuestro disfrute personal sacando ese pequeño escritor que todo usuario lleva dentro.

      La idea consiste en crear pequeños relatos limitados en el tiempo y el espacio (para que no se hagan eternas) con unas reglas mínimas.

      Las reglas del hilo son las siguientes:

      :arrow: El primer mensaje que comience la historia dará un prefacio, exordio o introducción que servirá de pistoletazo de salida para que el resto de los usuarios vayan elaborando y entrelazando la historia. También, podrá presentarse una imagen en el primer mensaje que sirva para incitar la imaginación de quienes pretendan escribir, haga menos árida la presentación de la historia y que, de algún modo, deberá tener relación con el relato que se pretenda desarrollar.

      :arrow: El texto mínimo de cada intervención deberá ser de dos líneas en formato Times New Roman de 12 puntos y el texto máximo será de 12 líneas en el mismo formato (cambiado a 24 líneas por petición de los participantes). De esta forma consigueremos una cierta uniformidad y mayor apertura en el desarrollo de los argumentos.

      :arrow: Se pide que la historia que se construya sea lo más coherente posible con la o las líneas argumentales que puedan ir surgiendo, es decir, que si estamos en medio de un duelo en el viejo oeste, por ejemplo, no parece muy lógico que de pronto y sin relación aparezcan unos extraterrestes cabezudos bailando el Charleston.

      :arrow: Para evitar que la historia se haga eterna, degenere en exceso o quede inacabada eternamente se le dará un límite espacial de 10 páginas y temporal de 3 meses. Llegado a este límite se podrá pedir a los participantes que pasen del nudo al desenlace de la historia tan pronto como sea posible.

      :arrow: En caso de que se inicien nuevas versiones del Teléfono Malogrado se indicará en el título del hilo según el número que le corresponda, así no habrá confusiones al respecto. Sólo podrá haber una versión activa cada vez.

      :arrow: Estas reglas arriba mencionadas no son inamovibles pudiendo adaptarse o añadirse nuevas en caso de necesidad.

      :arrow: Por supuesto, las Normas Generales del Foro y particulares del LdB son de obligado cumplimiento.

      Cualquier duda, preguntar a la moderación por mp, IRC o a través del El café literario del LdaB 2.0.

      PD: iniciaré el relato a modo de ejemplo, así que ya podéis decirles a vuestras bulliciosas neuronas literarias que den rienda sueltas a su imaginación. ^^

      Saludos.

      The post was edited 3 times, last by Silfid ().

    • Relato


      Un viaje accidentado.

      El vuelo LA-Tokio de la Compañía American Airlines volaba con normalidad sobre las aguas tranquilas de un lejano océano Pacífico. La vista por las ventanillas resultaban un poco frustrantres a 10.000 pies de altura por lo que decidí recostarme en mi asiento de cuero y disfrutar de las comodidades que mi asiento de primera me ofrecía.

      Todo indicaba que sería otro vuelo intercontinental habitual...

      (Que continúe el siguiente)
    • Saco un libro de gramática portuguesa, que compré en el aeropueto, leo con detinimiento cada línea y subrayo con un lápiz que sujeto con los dientes. Permanezco absorto en mi estudio cuya concentración producen, por un tiempo, un solapamiento a mis recuerdos trágicos acecidos días antes, causa de mi fuga.

      Una voz estridente de mujer, entrada en carnes, me liberó del ensimismamiento, de un tortazo me devolvió a la realidad.Está sentada dos asientos tras mí. Me fijo en su semblante redondo, con ojos oscuros y arrugas que surcan su cara. Los colgantes de oro que rodean su cuello le otorgan un aire de distinción. Habla con un hombre trajeado, menudo, con entradas incipientes, gafas de pasta y aires de intelecutal. Éste se limita a asentir cada uno de sus dictámenes sobre música clásica.

      Ahora recuerdo esa es la mujer vidente que visitamos mi amigo Pablo y yo, aquella noche turbia donde cometí un error irremediable. Qué hace en este avión... Necesito un gin tonic.
    • Pulso el botón de servicio de cabina. A los pocos segundos, la azafata de proa termina la conversación con su compañera, y se acerca a mi butaca.

      -¿En qué puedo ayudarle? -me pregunta con esa sonrisa impersonal que parecen compartir todas las del gremio.
      -Un gin-tonic, por favor...

      Me dispongo a seguir mi estudio del portugués, cuando reparo en que la azafata vuelve a acercarse a mí, pero veo, decepcionado, que sólo lleva una cartulina en la mano.

      -Aquí tiene la carta de ginebras y tónicas -me dice, acercándome esas hojas plastificadas. Ni siquiera se las cojo- Quiero un gin-tonic, señorita. Ginebra: la que usted prefiera, tónica: la que usted elija; y un par de cubitos en un vaso. Gracias. -e imito su propia expresión.

      Está cerca de perder la sonrisa, pero su profesionalidad gana el pulso, y retira la carta sin decir nada. Al rato oigo el tintineo del hielo cayendo en el vaso, y mi mente vuelve al libro que tengo delante.

      The post was edited 1 time, last by Dorf365 ().

    • Al rato, la azafata me trae la bebida espirituosa. Agarro el vaso sin prestarle atención alguna. El libro quedó reposando sobre mis rodillas mientras me deleito con el baile de las ondas que forma el hielo bajo la viva melodía de las burbujas.

      Alzo la vista. Vaya! De nuevo el dichoso cartelito "Abrochense los cinturones" encendido. Nunca me lo desabrochaba, pues tenía pánico a volar. La primera sacudida, intensa, no tarda en llegar, derramando medio contenido del vaso sobre mi jersey de cuello de pico "Lacoste". Al menos éste es original, no como todas las imitaciones con las que Pablo y yo conseguíamos gran cantidad de ingresos. Hasta que la avaricia rompió el saco, dando momentáneamente al traste con el lucrativo negocio. Y eso a De Souza no le iba a gustar nada.

      Pero ahora mismo mis preocupaciones se centran en las turbulencias, incensantes. Mi corazón no tarda en sumarse al festejo mientras mi boca se llena de un sabor extraño a cerilla. Se acerca de nuevo la azafata, etérea, con una engrandecida sonrisa ante el espectáculo.



      The post was edited 2 times, last by DonMuerte ().

    • - Señor, se ha derramado encima un poco de su bebida, aquí tiene una servilleta para secarse-, y su sonrisa, agrandándose aun más, iba perdiendo profesionalidad y ganando un punto de sorna mezclada con un toque de perversión, aunque creo que no me gustó ese tipo de perversión.

      - Gracias, pero creo que iré al lavabo para secarme mejor.

      - Lo siento señor, pero creo que ahora eso no es posible.

      - Ya ... las turbulencias, pero insisto.

      -Bien, inténtelo entonces, respondió fríamente.

      Intenté desabrochar mi cinturón de seguridad pero el anclaje no se abría. Un poco más atrás oí a una mujer mayor refunfuñar porque el suyo tampoco podía abrirse, y aun más atrás otro pasajero, con la inequívoca cara de quien está a punto de vomitar, forcejeaba con el suyo y reclamaba la atención urgente de la azafata, tampoco podría abrirse.

      Empecé a sentir un punto de preocupación cuando fue evidente que ningún anclaje de los cinturones de seguridad podían abrirse, pero al instante lo deseché, -nada, un nuevo sistema centralizado de seguridad-, me dije a mí mismo, pero no me creí.










      Porque mi voluntad es tan fuerte como la tuya y mi reino igual de grande ...
      No tienes poder sobre mí.

      The post was edited 1 time, last by JJMonti ().

    • Suelto una sonora carcajada. Totalmente fuera de contexto entre la agitación de la gente de mi alrededor.

      -Juan, valiente cabronazo -digo a media voz, hablando para mí. En ese momento aparece él, procedente de la cabina de mando, vestido de piloto. Se acerca a mí, ignorando a los enojados pasajeros y a las incrédulas azafatas, prisioneras también de sus cinturones. Saca una navaja militar y corta las cinchas de mi cinturón con poco esfuerzo. Le sigo hacia el compartimento de personal.

      -¿Era necesaria la farsa? -le pregunto, ya sin ningún miedo (salvo el de estar a 10.000 pies de altura sobre el océano).
      -Creí que lo encontrarías divertido -responde con esa media sonrisa de zorro viejo tan suya, mientras se ocupa de sacar cuatro paquetes de uno de los armarios de provisiones. Logra desembarazar el contenido de los paquetes, y saca dos paracaídas con los respectivos trajes.
      -Viajaremos ligeros de equipaje -me dice, ofreciéndome uno de los trajes. Nada salvo el libro de gramática.
      -Está bien, ¿pero era necesario tanta parafernalia? Ya sabes que no soporto estar a más de un palmo sobre el suelo. Lo del paracaídas me parece una broma un poco pesada.
      -No es ninguna broma -responde Juan, volviendo a sonreír con sorna- El avión lleva rato bajando, y ahora estamos a tan sólo 4.000 pies. En un par de minutos estaremos sobre las coordenadas previstas para que nos recojan desde el mar.

      The post was edited 2 times, last by Dorf365 ().

    • -¿Cómo están los pasajeros? le pregunta Juan a una de las azafatas.
      -Bien, no tardarán en dormirse. Los que tomaron el postre ya lo están. Los demás les harán compañía en un par de minutos gracias a las bebidas, le respondió. -Veo que no hubo problemas en la cabina.
      -No, el piloto automático está activado y el comandante volverá en sí en unos veinte minutos. Necesitará unas cuantas aspirinas. -Les aconsejo que se sienten y se abrochen los cinturones, dijo mientras miraba a las demás azafatas.
      -En marcha.

      Nos dirigimos hacia la parte trasera del avión. Olvidé por un momento lo que me aguardaba mientras miraba de reojo las cómicas posturas de los pasajeros.
      -¿Qué va a ocurrir con las despresurización?
      -Nada, nadie saldrá volando. Instalé un mecanismo para que la compuerta se cierre automáticamente.

      Nadie salvo yo, pensé.



      The post was edited 1 time, last by DonMuerte ().

    • El pánico termina por apoderarse de mí.

      -No pienso saltar ni desde 4.000 ni desde 100 pies. No voy siquiera a acercarme a esa puerta -digo, retrocediendo un poco hasta tocar la pared con mi espalda.
      -Si no hubieras derramado tu bebida, ni te habrías enterado de nada hasta estar en el barco. Anda tómate esta píldora con un poco de agua -responde, con elocuencia.

      Me sereno un poco, y reflexiono sobre las opciones reales que tengo. Volver al asiento y fingir que nada ha pasado no es ya posible... De todos modos, eso seguramente significaría ser detenido (o algo peor) al llegar a Tokio. Está claro que la presencia de la supuesta vidente, más probablemente informadora o incluso agente gubernamental, tiene algo que ver conmigo. No, lo mejor es tomarme esa pastilla y ponerme en manos de Juan, que, he de reconocerlo, nunca me ha fallado en los años que hace que nos conocemos.

      Cojo la pastilla de la mano de la azafata con sensación de ser cordero que va al matadero sin ser consciente de lo que le espera. Peor aún, porque sé lo que viene a continuación, pero prefiero apartarlo de mi pensamiento. En menos de un minuto siento cómo se me embota la mente, y finalmente me rindo al caos de lo absurdo, empezando a soñar.
    • Siento tiranteces. Algún títere estaba jugando con mi cuerpo. Consigo abrir los ojos. Me hallaba delante de la compuerta, firmemente atado a Juan. ¿Desde cuándo me ha crecido un hermano siamés? pensé. La azafata pulsó lo que parecía una llave de coche. -¿Has aparcado el DeLorean en el ala?-, conseguí balbucear, diverdito.

      La compuerta se abrió de golpe y en el mismo instante saltaron las máscaras. De nada sirvió la droga. Afuera el ruido, cual millones de papeles regalo rasgándose a la vez, acabó por devolverme a la realidad. No podía respirar. ¿Esto es lo que siente un pez fuera del agua? pensé. Quizás esas diminutas luciérnagas revoloteando ante mis ojos estaban apartando el aire de mí.

      Fui empujado fuera del avión. Todo se volvió oscuridad de nuevo. Me desvanecí en ella.



      The post was edited 1 time, last by DonMuerte ().

    • Cerré los ojos con la extraña sensación de pesadez tratándo de ignorar el viento que me apaleaba sin piedad, con rápidez, ya que además no me quedaba más remedio, los oídos me silbaban... quizás eso se siente morir, pero no, sé que no será hoy, sé que no lo haré, lo sé porque he estado tantas veces tan cerca de ello que la sangre de mi cuerpo se ha convertido en magma incipiente incapaz de dar paso a esa certeza inflexible del miedo a morir. Quizás por ello el día que en verdad muera sea para mi solo como quedarme una noche sin estrellas.

      El aire me azota con violencia mientras medito pensando... en la vidente, pero no en lo que me dijo, no en ella, sino en esa vaga ilusión que me ronda... no, no debo pensar en ella, debo alejar de mi mente a Isabel, no ahora, no cuando estoy cayendo a tal altura, pero no puedo evitarlo. La odio. Más bien quisiera poder hacerlo... pero no. Isabel, esa Isabel de mejillas rosadas y caderas bien torneadas, de piernas largas y sonrisa de ángel, ese maldito demonio convertido en mujer que me vuelve loco, tanto huír de ella, tanto escapar, tanto meterme en el trabajo, en libros, en ideas, en discusiones, en todo lo que mantuviese ocupado a mi cerebro para no pensarla.

      Y ahora no sé donde esta y por más que intento dejar de sentirla, es como querer arrancárme el hálito de vida. Isabel... maldita Isabel, no dejo de pensar en aquella tarde de verano cuando la vi por última vez junto a ese profundo lago.

      Por eso al llegar ante la vidente, aunque toda la maldita lógica apuntaba a que era una farsa, una mentira, aunque mi pensamiento me indicaba que estaba ahi por motivos de trabajo, que esa mujer seguramente tenía de vidente lo que yo de ganso, si, pensé en Isabel, pensé con desesperación en que tal vez existía una persona el el mundo que pudiese decirme porque a Isabel se la trago la tierra. Porque me abandono, pero sobre todo porque la abandone yo y dónde esta...

      Me arrepiento tanto... de haberla dejado, pero más me arrepiento cuando pienso que al regresar a buscarla, se había ido y quizás para siempre.

      ¿Cómo un hombre como yo puede tener esperanzas de redención?, pero lo más importante, ¿quiero redención?...

      Isabel, la pienso consciente de que la buhardilla mental en la que me encuentro ensimismado no durará más, pues es hora de abrir los ojos y seguir con Juan.
    • ...

      Siento un balanceo que me mece lentamente. Me recuerda a la paz de la cuna, cuando era pequeño y no tenía nada en qué pensar. Oigo voces lejanas. Dos de hombre y una de mujer. Termino por abrir los ojos, y veo el techo en penumbra. Me doy la vuelta y me apoyo sobre el costado, preparándome para incorporarme, cuando noto algo que me molesta entre la ropa. Es el librillo de gramática portuguesa. Me lo saco del bolsillo, me quedo sentado sobre la cama y dejo el libro a mi lado. Me doy cuenta de lo que me cuesta centrar mi pensamiento. Un efecto secundario del sedante, sin duda.

      Sigo sentado en ese camarote: un espacio neutro, un punto de tránsito entre las emociones recientes a bordo del avión, y el futuro que me espera, planeado según criterio de Juan. Me da cierto reparo ir a hablar con él, como si de alguna forma no quisiera entrar aún en esta nueva aventura, a pesar de haber saltado de un avión en marcha. Hasta levantarme y entrar en el salón, no tengo que afrontar la realidad, ni tomar decisiones, ni pensar en nada.

      Pensar. Me cuesta mucho esfuerzo pensar en este momento. Vuelvo la vista hacia el libro, compañero silencioso "sentado" junto a mí. En la portada aparecen algunas pequeñas imágenes turísticas de Portugal. Una de ellas me recuerda a una fotografía que tengo, tenía, en mi despacho de París. En ella aparecía Isabel, en el primer viaje que hicimos juntos. Soy consciente de que voy a ponerme nostálgico, así que escondo de mi vista el libro, cubriéndolo con la almohada, y me levanto hacia la puerta. Al abrirla, oigo con claridad la voz de Juan, y luego la risa de la mujer.
    • - ¡Ya pensaba que teníamos que ir a despertarte! - me saluda Elena con su sonrisa cuando cruzo por la puerta. Igual de frívola que siempre, no me molesto en pronunciar palabra, solo quiero acabar con esto cuanto antes y poder volver a ser dueño de mis actos.

      - ¿Ha aparecido Pablo?

      - ¿Crees que estaría tan contenta si al final mi plan no fuera a llevarse a cabo? - me responde burlona. Era de esperar, pero el simple hecho de poner la vida de inocentes en peligro para poder limpiar mi nombre me produce nauseas.

      ¿Cómo demonios he podido llegar tan lejos? De nada sirve lamentarse, nada va a cambiar el error de Pablo que le llevó a ser arrestado, ni su posterior traición con la consiguiente detención de varios mafiosos importantes del grupo. Desde entonces soy buscado por la policía por un asesinato que no cometí y exigido a demostrar mi lealtad a la gente de De Souza, y para ello tengo que ser el títere de una psicópata salvaje.

      Me acerco a la mesa donde están sentados cómodamente y echo un vistazo a los papeles que hay sobre la mesa buscando alguna pista de cuál será nuestra misión.

      - Relájate - me dice Juan - parece que quieras empezar ya mismo. - Se que su intención es buena pero desde que Elena me insinuó cuales eran sus objetivos nada me calma, solo quiero que pase rápido y, si salgo con vida de ésta, rehacer mi vida en una isla remota, quien sabe, quizá allí encuentre a Isabel...

      - ¿Cuál es el plan? - me limito a decir.
    • -¿El plan? - responde Elena, clavándome su mirada maliciosa, sádica.
      -Serías el último ser vivo, que ande, vuele o se arrastre al que se lo contaría. En marcha, el transporte nos espera.

      Me limito a serguirles fuera de la casa, con paso lento, aún confuso. Una luz salada baña mi rostro al abrir la puerta. ¡Qué hermoso es el mar! -pensé, si no fuera por ese horrible hidroavión.



    • Después de tres horas de viaje llegamos a un pequeño amarradero donde nos espera otro grupo y para mi sorpresa, ¡está liderado por Paola! Su rivalidad con Elena viene de lejos y por primera vez soy yo quién se gira hacia ella con una sonrisa en los labios disfrutando del momento.

      Rápidamente nos subimos en dos camionetas. Observo como Paola y Elena apenas se dirigen la palabra y cada una se dedica a organizar su grupo. Durante el trayecto me vendan los ojos, así que me limito a pensar en las diferentes maneras en las que Elena me hará pagar mi atrevimiento.

      Tras un breve trayecto llegamos a una granja aparentemente normal, incluso sale a recibirnos una adorable familia. Desde luego allí nadie nos iba a buscar.

      The post was edited 1 time, last by Drizzt do urden ().

    • Juan nos dice a Elena y a mi que esperemos en el coche. Genial, con la última persona que querría estar. Giro lentamente mi cabeza para ver con cuanto asco me esta mirando ella pero, para mi sorpresa, sólo encuentro preocupación.

      - ¿Qué sucede? - Le pregunto.
      - Algo no va bien... - Dice ella más para sí misma que para contestarme.

      Vuelvo a mirar hacia la granja, Juan esta en el porche, aparentemente no le preocupa nada. Típico de él. Ya podria estar terminandose el mundo que su cara sólo transmitiria serenidad. Tras un rato intentando descubrir de qué están hablando me doy por vencido y miro a la otra furgoneta, estaba Paola con otros 3 hombres fumando y hablando, mientras tanto yo, callado, con Elena. Me dispongo a andar hacía la otra furgoneta pero al pasar frente a Elena algo la saca de su ensimismamiento y me coje del brazo.

      - Ni se te ocurra.

      En ese momento una terrible explosión nos tumba al suelo a todos. La granja ha estallado por los aires y una nube de humo negro se alza hacia el cielo. Me levanto conmocionado, apenas se dónde estoy. Noto como Elena me sube al asiento del copiloto, se sube ella en el del conductor y arranca a toda prisa.

      Miro por el retrovisor y veo como la otra furgoneta nos sige, menos mal...

      - Era una puta trampa - Dice Elena - Esa estúpida Paola nos ha traicionado.

      Vuelvo a mirar por el retrovisor y veo como uno de los hombres se Paola asoma una pistola por la ventanilla.

      The post was edited 1 time, last by morgulm ().