CONCURSO: Imagina tu historia. TERCERA IMAGEN

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  • CONCURSO: Imagina tu historia. TERCERA IMAGEN

    Lo mismo que las dos veces anteriores, una historia con esta imagen:

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  • Historia 1 wrote:

    . La cueva de Zeus
    Un golpe brusco despertó a Bastián, se levantó de la hamaca y subió rápidamente a cubierta. Miró por encima de la barandilla y sorprendido observó que la Mude, la galera veneciana con que viajaba, había llegado al puerto de Candía.
    Cogió su frugal equipaje, con su olor a salitre y humedad del largo marino viaje, y saltó al muelle. Una persona embozada, vestida con un oscuro sayo, se le acercó, no tuvo ninguna duda, su contacto de la Santa Orden había venido a buscarle.
    La relación fue breve y silenciosa, el misterioso contacto, solo le entregó un pergamino enrollado, y sin mediar palabra se disolvió en la muchedumbre que en aquel momento deambulaba por el concurrido puerto.
    Bastián guardó el pergamino bajo sus ropas, y buscó un lugar tranquilo. Caminó por el puerto, se acercó a la Logia Veneciana, y llegó a una pequeña plaza, dominada por la pequeña ermita de San Mateo El Sinaita, allí encontró un discreto mesón, lejos de la algarabía del puerto de Candía, uno de los más populosos del Mediterráneo Oriental.
    Allí se sentó en una apartada mesa, y mientras el huésped le preparaba una generosa jarra de vino cretense, Bastián abrió el pergamino, donde solo halló unas palabras IDEON ANDRON.
    Bastián aunque tenía estudios de Salamanca, no acertó a comprender el significado del mensaje de la Orden. Quizás estuviera en una lengua extranjera o quizás en griego, que era una lengua que desconocía, así que se aproximó al mesonero y le interrogó sobre las palabras. Este sólo pudo chapurrearle en véneto una historia sobre las escaleras del monte Ida , el más alto de la isla, que albergaba la Ideon Andron, o la famosa cueva sagrada de Zeus, lugar de encantamientos y rituales ocultos.
    Bastián, cansado del viaje, solicitó hospedarse en el mesón, le facilitaron una reducida pero limpia estancia, con una cama acostada en una aconchada pared. Para el agotado Bastián era suficiente, podría dormir sin que le molestaran


    Aquella noche, Bastián tuvo extraños sueños, buscaba las escaleras, estas escaleras que subían al monte Ida, que Minos ascendía cada 7 años para pedir consejo a su padre Zeus en la sagrada cueva de Ideon Andron. ¿Encontraría Bastián en la cueva algún indicio que le llevara a encontrar la piedra gemela del zafiro Ratnapura? ¿Por qué el Santo Oficio buscaba las piedras? , y ¿por qué los Hashasin la buscaban también?.
    Soñó estar perdido por un grupo de locos árabes asesinos en unas extrañas escaleras que subían un monte iluminado, sin saber a dónde ir, con unas figuras embozadas portando unas extrañas máscaras esperándole en la cima. Miró a los lados, buscando una huida y vió acercarse a un gigantesco rey Minos acompañado de un enorme buey…
    y soñando con un sobresalto se despertó
    Miró la pantalla, se había dormido esperando el regreso de sus reciclas, una luz roja intermitente le mostraba su problema, el ataque estaba ya en la tercera oleada.

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  • Historia 2 wrote:

    Pseudónimo: Moonlight.

    Título: Tarikwa

    Seguramente piensen que me he vuelto loco en el centro espacial. O quizás se lamenten por un posible error de la cápsula de retorno. Pero no era nada de eso. Había cortado voluntariamente tanto las comunicaciones como los automatismos de la nave. Al igual que Laika, mi destino ya estaba sellado, pues no había posibilidad de retorno. El arrepentimiento era una palabra inerte, carente de sentido. En unos minutos todo acabaría. Mi nave se vio aspirada en el baile dantesco de polvo y gas cósmico. En el centro, oscuro como los profundos pozos de minas abandonadas, se hallaba el insaciable devorador de mundos. Estaba mareado, pero mantuve los ojos bien abiertos. Sentí tambalearse la nave y pude ver como se desintegraba la parte frontal, engullida por el agujero negro. Noté un fuerte golpe en el pecho, imposibilitándome la respiración. Perdí el conocimiento.

    Desperté. Tenía delante una escaleras perfectamente esculpidas. Pude divisar en lo alto una brillante luz. ¿Así es la muerte, entonces? ¿Qué me esperaba en la cúspide? ¿El paraíso? ¿El grial del conocimiento? ¿O puede que una segunda muerte en algún doloroso infierno? Empecé a subir. Me percaté que, aunque sentía mi cuerpo, este era etéreo. En cada escalón, se podían ver claramente unos símbolos escritos en una lengua desconocida. Los trazos parecían hechos de oro blanco y transmitían una sensación de belleza absoluta. Me sorprendí al ver rostros a mi izquierda. Estaban dibujados por parejas sobre lo que se asemejaban a hojas translucidas de un árbol. No los reconocí, aunque me resultaban familiar. No había nada a mi derecha. Quizás algún juez invisible ponía mis acciones sobre una balanza en cada paso.

    Ya estaba cerca del resplandor. Las hojas eran pocas y más opacas. En ellas contemplé a mis abuelos mientras que en el siguiente escalón solo quedaban, como era de esperar, dos últimas hojas. Llegué a lo alto, la palabra allí escrita era reconocible: "TARIKWA". La luz brotaba desde una pequeña flor. La toqué y sentí una presencia.
    -¿Quién eres?, pregunté.
    -Soy tú, me respondió.
    Mi consciencia volvió a desvanecerse al tiempo que aspiraba de nuevo aire, abrasándome momentánemente los pulmones y notando unos brazos cariñosos, estrecharme.