La historia del espantapájaros

    • [Relato]

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    • La historia del espantapájaros

      Había una vez un viejo granjero que poseía la mejor granja de la zona. Todos estuvieron de acuerdo en que el fruto de sus cosechas era sabroso e inigualable, y vinieron personas de todo el país para comprarle los mejores productos del mercado. Cuando se le pidió al campesino que conociera el secreto de tal cualidad, el hombre simplemente respondió que todo el crédito se debía a su espantapájaros: “¡Se lo debo todo a él! Garantizo que ningún cuervo, ni ninguna otra plaga de cultivos se acercará a mis campos”. El anciano lo había hecho con gran cuidado con sus propias manos y el resultado era asombroso; el espantapájaros ofrecía una visión espantosa que asustaba incluso a los humanos. El granjero había pasado meses perfeccionándolo, atento al más mínimo detalle, para que fuera lo más tenebroso posible, sabiendo muy bien que haría huir a las plagas de sus campos. Así, pues, con sus brazos de paja excesiva, de casi dos metros de largo cada uno, y sus piernas largas e interminables, aferraba el maniquí. Una vez ensamblado, el cuerpo del espantapájaros rivalizaba con el tamaño de un árbol.

      Pero lo más aterrador era su cabeza. El granjero había seleccionado la más grande y hermosa de sus calabazas, que él mismo cavó y talló. Ya no contaba el número de días y noches durante los cuales había trabajado para hacer su trabajo lo más detallado posible antes de alcanzar la perfección. El resultado final fue tan espantoso y repulsivo que el campesino mismo se asustó al mirar a la cabeza del espantapájaros. Su objetivo principal fue alcanzado: ningún pájaro se atrevía a aventurarse en sus campos. La granja al lado del viejo granjero estaba dirigida por dos hermanos, John y Harry, dos muchachos perezosos que no levantaron un dedo en todo el día, así que su granja amenazó con declararse en bancarrota. Juan y Harry estaban fieramente celosos del viejo granjero y lo envidiaban por su éxito. Empezaron a conspirar contra él. Planeaban arruinarla y así poder apropiarse de sus tierras y obtener mejores ingresos.
      Pasaron unos días antes de que los dos hermanos empezaran a colarse en la tierra de su vecino. Le robaron su preciado espantapájaros y se lo llevaron a su casa, cuidando de esconderlo en un lugar pequeño y viejo donde nadie podía verlo ni pensar en venir a recogerlo.

      Al día siguiente, mientras el viejo granjero se preparaba para un duro día de trabajo, se asustó al ver que su espantapájaros faltaba y que sus campos, todavía tan prolíficos el día anterior, habían sido saqueados por roedores y pájaros. El anciano cayó de rodillas llorando, sabiendo que su cosecha estaba arruinada y que su granja inevitablemente iba a caer en bancarrota. Al mismo tiempo, sentados a la sombra de su terraza, los dos hermanos ya ni siquiera trataban de contener la risa mirando a su vecino derramar lágrimas de dolor. Oyéndolos cacareando a lo lejos, el viejo granjero vino a su encuentro y les preguntó si sabían lo que le había pasado a su espantapájaros. Los dos hermanos miraron directamente a los ojos del anciano, diciéndole que no tenían ni idea. Juan se ríe abiertamente en su cara mientras se lo tira: Parece que la rueda acaba de girar, ¿eh, viejo? ¡Apesta para ti! Harry agrega Harry, oliendo más hermoso. El viejo granjero volvió a casa sin decir una palabra, cabeza agachada y con la espalda inclinada por el peso de la derrota y la resignación.
      Esa misma noche, John y Harry lucharon por dormir. No era el remordimiento lo que les impedía cerrar los ojos, pero no podían borrar de sus mentes la imagen de la horrible cabeza del espantapájaros. Después de la discusión, concluyeron que no podrían quedarse dormidos mientras la cabeza tallada en la calabaza estaba en su casa. Así que los dos hermanos se levantaron y se dirigieron hacia el viejo encogido. Harry tomó el bate de béisbol y, con un golpe fuerte, redujo la calabaza a mil pedazos. Los dos hermanos se llevaron los restos de la verdura que cubría el suelo y los arrojaron a la basura. Luego volvieron a la cama, abrumados por la fatiga y se deshicieron de la imagen del espantapájaros que, antes, les daba vueltas en la cabeza.

      La medianoche acababa de sonar cuando los hermanos fueron despertados por un ruido perturbador. Era como si algo se rascara detrás de la puerta de su sala común: ¿Olvidaste sacar al perro? exclamó Jonh con voz dormida. ¡No tenemos un perro! como respuesta. De repente, la puerta se abrió en un siniestro chirrido. Una silueta estaba a la entrada de la cámara, de la que sólo un brazo de paja se balanceaba regularmente de derecha a izquierda, como un péndulo. Luego apareció un segundo brazo acompañado de dos largas, delgadas y esbeltas piernas. Los dos hermanos estaban petrificados de terror, sólo podían mirar el cuerpo sin cabeza del espantapájaros caminando vacilante, sus dos interminables brazos moviendo el aire incansablemente en busca de ellos.
      Harry sintió uno de los brazos de la paja, congelado como la muerte, agarrado por un tobillo. Gritó, rogando a su hermano que le ayudara. Pero él ya había saltado de la habitación, tomando las piernas hasta el cuello, bajando por las escaleras de cuatro a cuatro escalones, golpeando la puerta de entrada del caserío y huyendo por el camino iluminado por el resplandor de la luna llena. Juan corrió tan rápido como le permitían sus piernas, jadeando como un perro rabioso entre dos gritos de terror. Mientras pasaba por delante de su granja, vio al viejo granjero parado en las escaleras. A la luz de la luna, Juan podía ver al viejo verlo correr, una extraña sonrisa en su cara. Continuó corriendo, sus pies descalzos ensangrentados, desollado por su huida por la áspera carretera. Miró furtivamente por encima de su hombro y casi se ahogó ante lo que acababa de ver. El espantapájaros estaba sobre sus talones y se acercaba a él a cada paso del camino. Tarde o temprano lo habría alcanzado y estaría a la altura.

      Juan tuvo tiempo de notar un detalle siniestro: el espantapájaros había recuperado una nueva cabeza. Una cabeza nueva que se parecía a la de Harry…